Ayer el Barça debutó en la Champions League y sin apenas despeinarse pasó por encima de un valiente PSV. Evidenciando a la FIFA, Messi anotó su enésimo Hat-Trick y Dembelé demostró una vez más que poseé unas cualidades innatas que seguro le harán triunfar. Suárez, por su parte -y como viene siendo costumbre en los inicios de temporada se mostró algo torpe y poco afinado.
 LA CONTRA-CRÓNICA
El único tema preocupante -que sale a debate una vez más- es la nefasta gestión de plantilla que lleva o intenta llevar a cabo Ernesto Valverde. El partido de ayer reunía las condiciones idóneas para dar minutos a jugadores como Lenglet o Arthur; competición europea, rival asequible… En definitiva una buena oportunidad para presentarse al Camp Nou.
Con el partido encarrilado, el técnico vasco se demoró hasta entrado el minuto 80 para hacer el primero de los cambios. Sí, el primero. Pués para el Txingurri se antoja una locura la posibilidad de realizar dos cambios a la vez.
Los geniales y lúcidos últimos minutos del partido, donde el Barça acaparó toda la posesión con buen criterío y numerosas llegadas, no deben nublar el gris partido del Barça, que como en Anoeta careció de brillantez. Está claro que este club está conviertiéndose cada vez más en un equipo resultadista, aunque esto acaba de empezar y ojalá se pueda cambiar el rumbo hacia un fútbol ADN Barça.
A día de hoy, el Barça sigue siendo susceptible a un “Romanazo” como el sufrido el año pasado. Es lo que suele ocurrir cuando renuncias a una filosofía solo por los números.
Javier Maese

Colaborador

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