Poco hay que decir, por mucho que muchos digan, de la dinámica y la trayectoria del Barça en lo que llevamos de temporada. Es cierto que el empate de ayer ante del Valencia, uno de los rivales más duros de La Liga, habría dejado un mejor sabor de boca si se hubiera sumado los tres puntos ante el Girona, Athletic y Leganés.

Pero no debemos olvidar que estamos solamente en la jornada 8 y no es hasta la 10, según los expertos, cuando los equipos empiezan a llegar a su forma física óptima. De no ser así es cuando nos tendríamos que preocupar.

El partido de ayer, de bien seguro, hubiera acabado totalmente diferente si no llega a ser la de la ya clásica empanada inicial de la defensa blaugrana. Fueron 10 minutos donde el Valencia se vacío e intentó aumentar la diferencia. Pero nada más, a partir de ahí fue un monólogo culé hasta que ambos equipos se apagaron físicamente en los últimos 20 minutos de partido. Algo normal a estas alturas de la temporada y viniendo de una tremenda jornada de Champions.

Lo que nos tiene que quedar claro es que es igual que la defensa tenga algún pequeño despiste. Es igual que Suárez no esté calibrado de cara al gol. Es igual que aún falten cosas por pulir. En el fútbol una de las cosas más importantes son las sensaciones. Y las de ayer, fueron muy buenas.

Yo estoy muy tranquilo. Vamos por el buen camino.

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